El pastor Daniel opina

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DANIEL SCOTT

Un kilo de azúcar y 200 gr. de café: dos millones cincuenta mil bolívares. «Y mañana estará más caro» me dijo la joven que me atendió en la panadería.

A veces, se me ha criticado porque coloco en mi muro estas cosas, quejándome y satirizando.

Dicen que como pastor no debo asumir posiciones que puedan ser interpretadas como políticas.

No más ayer alguien me detuvo camino a casa y me dijo que en mi artículo -bastante cortó y deficiente, por cierto – titulado «La tragedia de las hermanas Bruguera» se percibía mucho «escualidismo» y que «por mi salud» no escribiera más de esa manera.

 «Te lo digo por tu salud» recalcó. No entendí muy bien eso último, pero, ¿cómo se me puede pedir que como pastor me despoje de toda sensibilidad social y no escriba sobre esto?

¿Yo, que he tenido que palpar, precisamente en mi condición de ministro de Dios, la miseria que estamos viviendo? El que me conozca, sabe de qué hablo.

Yo no soy político, y tampoco comulgo con la oposición de este país. Ideológicamente no soy ni oficialista ni opositor. Soy cristiano, y mí llamado el de pastor.

 Pero sé muy bien, por mis estudios realizados de la historia de la iglesia, que el gran «delito pastoral» de los siglos XX y XXI consistió en guardar silencio ante ciertos males o apoyar modelos políticos injustos y fracasados.

Los errores cometidos por los creyentes o las iglesias nunca se olvidan y es cosa que se paga caro.

La Historia no perdona. Es injusto pero es la verdad: al final, terminamos todos metidos en el mismo saco por igual y se nos golpea sin misericordia.

Por eso hablo y me quejo. Yo no quiero ser un creyente contemplativo a la manera de un Francisco de Asis, sino de acción como Dietrich Bonhoeffer

Y si se me dice que el gobierno no tiene la culpa del alza despiadada de los precios, (esto sí que es un «capitalismo salvaje») yo le respondo: sí, es cierto, pero para eso un gobierno es gobierno, para que le ponga coto de una manera enérgica a esta situación, porque la meta de una democracia no consiste solo en ganar elecciones, sino en saber gobernar.

Y si no saben o no pueden gobernar, pues que renuncien.

Pero no se mi pida silencio.

 Daniel R Scott

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