Jorge Luis Linares /Ciencia y No Ciencia:Humor con la verdad

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Academia Nacional de las Ciencias

La pandemia ha retado al conocimiento científico, pero, también a lo sobrenatural.

Cuando apenas era un niño, era reiterativo escuchar a mi madre en estos tiempos de semana santa: «Jorge Luis ya bajese de esa bicicleta, vaya a bañarse porque nos vamos para misa».

Inminentemente católicos mis padres, los domingos era una fija.

Luego cuando adolescente, desarrollé una capacidad de convencimiento hacia mis padres para no ir, quedarme con mis amigos, jugando futbolito, o simplemente conversando, soñando.

Cuando era un imberbe universitario, fuera de mi casa , por reproducción ideológica iba de vez en cuando a alguna misa, hablar con Dios, ya que se me presentaba algún problema irreversible, y había perdido aquella capacidad de convencimiento de adolescente.

Pero, cometía un gran pecado. Me sentaba a propósito en el último banco largote de madera en el extremo izquierdo, rezaba un poco, pero más que todo era para ver bien de cerca las siluetas de mujeres hermosas que merodeaban de aquí para allá, y de allá para acá. Sin duda era un lugar estratégico.

Narro esta pequeña, pero emocionante historia de mi vida, para poder justificar a esta alturas de la vida, que no creía totalmente en la no ciencia, y mucho menos, cuando comencé en el liceo a ver las 3 marias (matemática, física y química). O cuando vi estadística, contabilidad, matemática financiera, microeconomía y macroeconomía. Aprendí que la ciencia está en lo verificable, en ese entonces.

El método científico era lo máximo. Los pasos del método científico era la moda. El que se los sabía al pelo, tenía un sitial en el salón de clase. El Modernismo estaba haciendo de las suyas, con la sombra en su espalda del postmodernismo.

Lo cierto es, que lo que no se verificara perfecta y exactamente no era confiable, no existía posibilidades de aproximación o acercamiento.

Y así pasamos toda una vida. Muchas veces implorabamos la presencia de Dios, pero era mientras salíamos airosos de un problema que nos hubiésemos metido o de una situación de abundancia en escacez de recursos económicos para continuar la marcha, primero como estudiante universitario, y luego como padre de familia.

Pero también nos acordábamos de Dios cuando íbamos a llevar a la novia a su casa, después de un encuentro romántico, y a veces una bailadita, y nos tocaba caminar 20 cuadras para llegar a nuestro aposento, y lo hacíamos a pie, porque ya habíamos hecho una buena inversión amorosa, y nos quedamos limpio para el taxi. Rezaba como loco hasta que llegaba a mi casa, y mas si había alguna cuadra totalmente oscura, no por el ladrón, sino por lo mitos de la no ciencia que estaban de boga.

Bueno y así sucesivamente, a medida que uno va avanzando en el ciclo de la juventud acumulada, y los chamos crecen y se enamoran, entonces tu te transformas, eres más precavido, y a veces te conviertes en un consejero profesional, o sea, te vas acercando cada día más a la no ciencia, a pesar de su no verificabilidad, como aparece en los textos.

Pero con la llegada del coronavirus, hecha pandemia, todo cambió. Hoy día los que representan la ciencia médica por ejemplo, los héroes y heroínas de la salud, para salvar un ser humano con covid -19, se dirigen a cada momento a la no ciencia, pidiéndole, que les ayude para salvar su paciente: niño, adolescente, joven o un adulto mayor. Cuando antes muchos médicos no creían en Dios, producto de sentirse con esa cualidad por ser científicos.

La pandemia minimizó el Dios del dinero(como lo llaman muchos equivocadamente). Y le cuento algo ejemplarizante: el año pasado murió de corona virus el presidente del Banco Transnacional de Santander, un billonario. Donde familiares recorrieron parte del mundo en avionetas de ultima generación, y no pudieron salvarlo. Y una de sus hijas heredera dijo, que por primera vez había sentido que el dinero no valía nada. Que tal?. O sea, que la ciencia tampoco pudo.

Pero rebosó los estándares de creencia en la no ciencia en Brasil. Donde en este momento están muriendo alrededor de 2.000 seres humanos por día, una, por idiotez presidencial y otra, por imprudencia; ¿será?.

Hemos sido testigos como millones de seres humanos arrodillados rogándole, pidiéndole a gritos a la no ciencia, que por favor pare ésta mortandad, ésta catástrofe.

Los ateos hoy día están confundidos, y muchos ya dejarían sus preceptos a un lado, porque es tanta la fe en Dios, que pueden estar orando por el prójimo en Brasil y se siente, y se irradia aquí Venezuela. Es una fuerza espiritual muy grande, indescriptible.

Hoy día la gente o uno mismo para sentirse mas seguro cada rato habla con Dios, o con el Venerable José Gregorio Hernandez, a pesar de estar tomando para prevenir el covid -19, medicamentos en el día, y en la noche: jengibre, malojillo o cualquier yerba curativa.

A veces pensamos: ¿cuando nos tocará?, y sentimos como nerviosismo, entonces vale la pena estar convencido que la maravillosa mezcla de la ciencia y la no ciencia, sirve para prevenirlo, y si y el caso es, para derrotar ese enemigo invisible.

No, nos desesperemos, si nos llegase a tocar, porque no estamos exento, sin perder tiempo entreguemos nuestra humanidad física e espiritual a la ciencia y a la no ciencia, y saldremos airosos, Dios mediante.

No se les olvide: «si tu te ciudas, tu me cuidas, si yo me cuido, yo te cuido, entonces, cuidemósno». VENCEREMOS!

Jorge Linares / *Decano del Área de Ciencias Económicas y Sociales de la Unerg.

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1 Comentario

  1. Felicitaciones hermano tremendo relato tenemos que tener mucha fe en la Ciencia y en la no Ciencia como usted lo indica pero yo la llamaría Ciencia empírica porque usted investiga para poder preparar un remedio casero sin ser médico y toda Ciencia tiene un método

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