«BOLIVITA»  / Un viaje del infierno a la esperanza

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BOLIVITA

El día que le hice esta apurada, accidentada y temerosa  minientrevista, por casualidad, estaba cumpliendo 58 años.

Zaida Josefina Bolívar Garrido «Bolivita» nació un 19 de febrero de 1960, en las agrestes faldas de El Pariapan. 

Es la «casi menor» de trece hermanos; hijos de Víctor Julio Bolívar y Mercedes Garrido, habitantes «desde siempre» del sector Jesús Bandres,  calle La Esperanza,  del popular barrio La Morera.                                    

Me la encontré esa mañana en su afanoso trabajo tempranero: barriendo las calles,  en el inicio de la avenida Los Llanos «de El Nacionalista hasta aquimismito. Tengo cinco años en esto, pero quiero cambiarme pa’ la plaza, allá veo más gente».

Es obrera eventual de la alcaldía de Roscio; «sin pensión y sin bonos. Vivo de mi trabajo».

Devenga un salario mensual  de  cuarenta mil seiscientos  treinta y ocho bolívares con 50/100 céntimos ( Bs 40.638,50)                      

«Yo consumí muchas drogas, dice. Comencé con el alcohol a los doce años. Ya estudiaba en el liceo Vicente Emilio Sojo»                          

“Una vez, de doce años,  comencé a tomar con mis compañeros de estudio, tomamos de todo, y me desperté desnuda, en la cama de un señor donde ellos me llevaron.  De allí salí escapada, y al quedarme dormida sentada en la orilla de una canal, aqui cerca de mi casa, me cai hacia atrás y me golpeé aquí atrás, duro, en la cabeza. Me desmayé. Al día siguiente me desperté  y me fui para mi casa, me tuve que bañar con to’ y ropa. Estaba muy cochina. Por eso yo quedé así, que convulsiono. Y tengo tratamiento, pero no lo consigo. Sufro de esquizofrenia”.                       

“Hace poco me gradué de bachiller por la Misión Ribas. Y voy a estudiar Derecho en la Sucre.  Ese es el mensaje que yo le mando a todos los niños y niñas: Que estudien. Y que no usen nunca ninguna droga ni alcohol. Que obedezcan y quieran mucho a sus padres…

Bolivita, negro el color de su piel, enjuta, y  de mediana estatura;  la «loquita» del pueblo, se popularizó por borrachita buena, humilde y amistosa, aunque más de las veces agresiva, huidiza, evasiva, de desafiante y ofuscada y defensiva mirada extraviada, y extravagante indumendaria.

Hoy es para todas y todos, Zaida,  la hacendosa, amistosa aunque reservada y jovial y popular barrendera de las calles de su amado San Juan de los Morros, y a quien con afecto, cariño y fraternal respeto saludan vecinos y demás entusiastas habitantes de la comarca.

Desde el fondo del alma la gente le rinde al saludarla, con fruición, gozoso reconocimiento.

El Ave Fenix no deja de agitar sus esperanzadas alas de cara al viento, de cara al tiempo. 

Dr.Héctor Vegas Jiménez.                       

21 de Febrero 2018 a dos días de su cumpleaños

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